domingo, 11 de abril de 2010

A day in life II


El contorno casi perfecto dejado por un vaso al posarse sobre la madera es un premio muy infravalorado. Subirme la cremallera hasta arriba, abrocharme el último botón y pasarme la lengua por los dientes para sentir que están suaves, tanto que me parezca que brillen. Entonces el espejo no sirve de nada me revuelvo un poco el pelo, me pongo los cascos y salgo.

Hay cuatro direcciones posibles. Y sólo una correcta.

Por la noche también sólo ocurre lo mismo, solo que nunca es correcta la que sigues cuando vas bajo sus efectos.
Esperaré a MOBY.

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