viernes, 11 de noviembre de 2011

Tercer capítulo.

Como marca mi guión interno esto va con la calma y fluye tranquilamente.
Hace más de un mes que empezó todo esto.
Y parece que se quedará por un tiempo...



Por si te perdiste el primer capítulo:

Y por si te perdiste el segundo:


(Mini) Cap.3
Vainilla con hielo.


Caminar ahora por la pista está complicado. Yo llevo mi copa a la mitad y parece ser que se siente atraída por el suelo. No sé qué juego se traerán, pero yo no la voy a dejar escapar. Para poder pasar tengo que pedir disculpas a cada paso, y todos los rostros que me contestan son extranjeros. Aunque a decir verdad es algo más que razonable, Agosto y entresemana, condiciones óptimas para ello. 

Miro hacia detrás buscando la mirada de Laura, pero ella está como ausente. Fijándose en algo que no logro visualizar desde mi posición. Probablemente esté envuelta en una conversación que no le dice nada interesante y busca distraerse. Un momento después es vacía y sin brillo, como la copa que deja ahora mismo sobre la barra. Yo tengo que avanzar si quiero llegar.

Hay un pequeño escalón antes de entrar a los baños que no me supone un gran esfuerzo superar, y tan pronto como lo hago me viene ese olor típico que todos detestamos pero que reconoceríamos hasta en el infierno. Frunzo el ceño y me resigno. A primera vista se distingue un gran espejo incrustado en la pared y unos grifos con sus respectivos lavamanos en forma de cono invertido contrachapado en metálico, para secarse hay ese  papel áspero y gris en un dispensador a juego, también metálico. En la pared de en frente están los urinarios que buscaba, pero como no hay dos libres seguidos me dirijo a los retretes. Esto es así porque los hombres tenemos una regla no escrita que  consiste en dejar entre los dos miccionadores un espacio de 'respeto'. Sí, cada uno vela por su virilidad. Porque las comparaciones son odiosas y más con ese tema, de golpe y porrazo dejas de ser el macho alfa para convertirte en un micro- o un nano- sin que los griegos te hayan enseñado su idioma. 

En realidad los retretes son mucho más interesantes, porque siempre hay frases ingeniosas escritas o algún dibujo gracioso en sus paredes. Aunque en el que me ha tocado sólo llego a distinguir la venganza de un/a novio/a despechado/a en forma de proposición indecente acompañada de un número de teléfono que no logro a leer con claridad. Mecánicamente dejo el vaso en la cisterna y bajo la mirada. Joder, es difícil apuntar, tengo los ojos un poco llorosos y me tengo que apoyar en la pared para encontrar un punto el anclaje con el que mi centro de gravedad no oscile demasiado. Junto a comer y dormir este es otro de esos placeres que no conlleva el uso de protección por las posibles consecuencias que cambian tu vida drásticamente en un corto período de tiempo. Termino, tiro de la cadena y me quedo viendo las espirales de agua hasta que ya no quedan más por salir. Antes de nada termino mi copa, la dejo donde estaba y me lavo las manos.  Esta vez levanto la mirada a la vez que me inclino hacia delante. Ya vuelve a estar otra vez él al otro lado. Complicidad. Me seco las manos y salgo. 

(Cuidado con el escalón...) 

Bien, aún tengo que volver a atravesar toda la masa de gente, "-Perdón. -Paso..." Unos pisotones sin importancia y llego de nuevo a la barra. Llamo a un camarero despeinado y, por lo visto, desocupado también.

-Perdona, me pones una cerveza.
-Sí, claro. ¿Cuál quieres? Tenemos todas esas -me señala una nevera con puerta corrediza que tiene detrás y en seguida distingo una Voll-Damm. Aunque no lea la etiqueta sé que es ella por el color negro del fondo y el rojo de las letras-.
-Quiero la Voll-Damm. Tercio, -la saca, la abre y me la pone delante- ¿cuánto es?
-Son tres euros, por favor.
-Creo que llevo, espera... -calderilla que no junta más que uno cincuenta y mierda, tengo que romper otro billete de cinco-. En fin, no tengo, toma.

Le doy mi billete de cinco, va a a la caja, y vuelve en menos tiempo del que tardo yo en coger la cerveza y darle un trago.

-Gracias, tu cambio.

Me lo guardo en el bolsillo y miro a mi alrededor. Laura está a dos metros de donde he aparecido y se encuentra sóla. Su semblante ha cambiado.  Me intriga ese repentino giro en su estado de ánimo.Le doy un largo trago a mi nueva adquisición y pregunto:

-Hey... ¿Está todo bien? ¿Quieres que salgamos fuera? -señalo hacia la puerta con el tercio en la mano-.
-Sí, por favor necesito que me de un poco el aire.
-Vale, vamos. Creo que a mí no me vendrá nada mal el fresco.
-(...)
-Perdona pero no puedes sacar bebidas a la calle.
-Okey, dame un segundo entonces -malditos puertas, lo peor es que lleva razón-.

La dejo a la mitad con un nuevo trago y se queda encima de la barra mirándome mientras que Laura sale. Me cagontó que se me va a calentar la birra... En fin, me acerco a su aura de vainilla, y una vez más pregunto:

-Bueno, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?
-Sí, bueno, no. La verdad es que no muy bien.
-Pero te ha pasado algo o es que te ha sentado mal la copa... -realmente no sé por qué las mujeres suelen ser reticentes a contar las cosas. Con lo fácil que es sacarlo todo y quedarse a gusto-.
-Es que tampoco quiero aburrirte con mis cosas, son sólo tonterías mías. 
-Como veas, yo no te voy a insistir. Si son tus cosas son tus cosas -sonrío al mismo tiempo que lo digo. Es cierto que es mejor no indagar, cada uno tiene sus motivos para hablar y sus motivos para callar-.
-A ver, ha sido una chorrada nada más. -joder, con esa manía de no contar las cosas cuando se preguntan y de improvisto soltarlo todo. Nunca entenderé a las mujeres...- Simplemente que estos me han presentado a Míriam, la nueva novia de Alejandro, mi antiguo novio, y no sé, me he quedado pensando.
-¿Pero no terminasteis con discusiones y eso, no? -creo que estoy siguiendo bien el hilo de la conversación, pero me cuesta un poco hacer razonamientos complicados-.
-No, no, si todo se acabó bien. Lo hablamos y supuestamente tenemos una relación cordial de amistad ahora... Pero no sé, es eso de 'cuando ves a tu ex por primera vez'. Y bueno, así, con novia nueva. Yo he estado fuera hasta ahora y es la primera vez que vengo al local desde hace un mes y pico.
-Y te ha sorprendido lo rápido que ha rehecho su vida con otra, ¿verdad?
-Sí, no sé. Me imaginaba que nos llevaría un tiempo de recuperación o algo eso el poder tener algo parecido con alguien. ¿No?
-Bueno,  cada uno 'semos como semos' como dice mi abuela, y tú y yo hemos tenido una 'cita' si es que se puede llamar así...
-Ya, pero no es lo mismo...
-Entiendo perfectamente, pero también entiendo que quiera rehacer su vida de alguna manera. Luchar por lo que uno quiere me parece lo correcto, y en este caso él quiere ser feliz de nuevo.
-Lo sé, lo sé. Quizás haya sido el alcohol, no pasa nada.
-(...)

Lleva de brazos cruzados toda la conversación y no me gusta nada. Menos que este silencio incómodo.

-Ven -le doy un abrazo y acepta sin protestar-.
-Perdona por estas cosas, apenas te conozco y la verdad es que me he desahogado mucho contándotelo -ahora se apoya en mi hombro-. Gracias. 
-No hay de qué, -sonrío aunque no me vea la cara- hoy será por tí y mañana alguien tendrá este mismo detalle conmigo -se separa de mí pero me permite permanecer dentro del aura que proyecta, y guardo mis manos en los bolsillos-. (...) Además hay un momento de la noche en el que es muy probable activar la parte de cerebro que controla estas cosas -yo sonrío de nuevo y ella escucha con atención-. El alcohol fomenta la labia y es desinhibidor por excelencia. Te da la confianza que no tienes a lo mejor habitualmente, y esta vez te ha ayudado...
-Sí, y tengo algo para tí. Pero después me tengo que ir, ¿vale?
-De acuerd...
-(...) 

Son sus labios de canela lo único que estoy sintiendo en estos momentos. Dulces. Suaves
Con sus seis letras. Labios, canela, dulces, suaves... 
Y ya no los siento.

-Gracias por todo. De veras. Pero tengo que irme ya.
-¿Quieres que te acompañe a algún sitio?
-No, no te preocupes. Voy a coger un taxi que me lleve a la puerta de mi casa.
-Es muy tarde, Laura, ¿de veras que no quieres que me acerque contigo a algún sitio? -aunque pretenda ser un caballero siempre hay que intentarlo. Luego no voy a insistir, creo que con una vez basta, y por mucho alcohol que lleve en sangre aún tengo domesticada a la bestia-.
-De verdad, no te preocupes... Lo voy a coger ahí mismo, -me sonríe- anda entra, que se te va a calentar la cerveza. Gracias por hoy. 

Un beso más. Este de refilón y casi a traición. 

Y se va.
La veo alejarse por en medio de la calzada.
El vestido sigue acariciando sus formas a cada paso.
¿Corporeidad?
¿Vapor?
Dobla la esquina, me mira por última vez...
Y ya se ha ido.

(...)

A veces es mejor dejarlo todo así, para que permanezca puro. No era el momento de nada más y así ha sido. No sé por qué no habría de estar satisfecho. Pero una cerveza que quiere ser salvada del aburrimiento me espera dentro. Y mi cerveza ya no está. Mierda. El sitio empieza a vaciarse. Deben de ser las tres ya, y en mi reloj siguen bailando los números con las agujas. Esta vez no es en estéreo sino que la visión es esteroscópica, convergiendo en planos imposibles para las dimensiones y el espacio(-tiempo).


Entonces pasa. Ese momento de la noche en el que encienden las luces y todo es tan jodidamente extraño que parece mentira que hayas estado en ese sitio. La gente entiende las indirectas aunque pensemos a veces que no y como un goteo se va vaciando. 

Ella está al fondo, y parece que no tiene mucho trabajo. Así que como me dijo antes, hablemos un rato. Me acerco a su barra, ya vacía.

-Joe, Irene, alguien me ha robado la cerveza, y para colmo ¡soy un cierrabares!
-Venga que yo te invito a la última...
-No, no. Si ya no quiero más. Creo que ha sido suficiente por hoy. Lo que tengo ahora es hambre...
-Pues si quieres vamos  a un kebab que conozco yo aquí al lado.
-¿Pero tú no tienes que trabajar? ¿O  sales ya?
-En cuanto se vacíe por completo yo me puedo ir. El que se queda es mi encargado, el chico despeinado de ahí. Pero espérame fuera mejor, que como comprenderás si tú no te vas ¡yo no me puedo ir!
-(Río) Perfecto entonces. Estoy ahí. ¡Hasta ahora!

Se vuelve a recoger vasos y copas y los va colocando en baldas. Puedo oír el tintineo del cristal contra el cristal.

-Venga, vete...

Quedan unos cuantos rezagados que no se mueven de su sitio hasta que paran la música. Y yo salgo con ellos. Hace una temperatura ideal, así que no me importa esperar.

Dos minutos, quizás cuatro... Gente hablando alto y el encargado sacando cajas de botellas  vacías. Bajo la luz de las farolas pasean parejas, solitarios y grupos. Están cerrando en toda la calle, o mejor dicho, están cerrando la calle y abriendo las esquinas y los portales. Noche despejada en la que Luna se baña, y yo no quielo más cerveza, amigo.

Por fin sale por la puerta con una sonrisa puesta, vestida de negro completamente, como antes, pero sin los tacones. Se ha puesto unas Vans negras que no rompen la esbelta silueta que antes había tenido. Es informal, pero no ha perdido ni un curva de sensualidad. 

Ya fuera me doy cuenta de que en realidad tiene destellos rojos en el pelo, lo que la hace aún más atractiva, y ¿por qué no? excitante.

-Bueno, qué. ¿Nos vamos?
-¡Por supuesto!

PD: Hay cuarta parte y un interludio antes.
Saldrán pronto. En cuanto termine exámenes, a partir el 16.
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Hoy no os dejo canción, os dejo una estación de Radio:


La mayor variedad musical que nunca he escuchado en una radio.
Desde de Morrisey a Madonna pasando por los Rolling y la Creedence.

Y buenas noches.

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LOVE IS FOREVER.
LIVE FOREVER.

Pablo.

1 comentario :

  1. Has tardado menos que la última vez! =)
    Me gusta Irene y la cerveza.

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