viernes, 13 de diciembre de 2013

Pensamientos desordenados.

(...) Hoy como ayer se levantó cinco minutos antes de estar despierto. Otros días simplemente remoloneaba en la cama tras haber vivido la Realidad en alguno de aquellos sueños lúcidos y recurrentes, pero esta mañana fue como tantas otras del típico frío invierno de su habitación. Lo supo porque un saxofonista tocaba debajo de su balcón. No tenía que preocuparse por el pie con el que se levantaba, porque la pared siempre quedaba a su izquierda y le gustaba mirar esos puntos azules imaginando caras y constelaciones. Normalmente solía abrir la contraventana para dejar pasar el Sol, pero esta vez ya sabía lo que le esperaba fuera y prefirió hacerle esperar. Caminó desgarbado por el pasillo hasta el baño y de ahí a la cocina. Realmente le daba igual taburete o silla, porque las dos eran blancas. Solo quería poder apoyar la espalda en la pared y que la mesa estuviera a su derecha. Le gustaba dar vueltas a su té en sentido antihorario mirando al reloj analógico de la pared como intentando parar el tiempo, o hacer que retrocediera, pero no se puede luchar contra la variable independiente. (Querer no es Poder. Y muchas veces tampoco Deber.) El agua de la ducha se llevó parte de las incoherencias que le se le habían pegado durante la noche, pero todas no. Algunas habría que frotarlas a conciencia hasta que salieran, y mientras tuviera el pelo metido en los ojos no iba a ponerse a buscar una esponja. La decisión de afeitarse o no siempre la tomaba en el último momento, y aunque sabía que ese no lo era, toda su determinación se escapó en un suspiro. O quizás fuera un resoplido. Últimamente tenía esa sensación de cuando sabes que hay algo que solo puede ir a peor, porque tenía dos cascos a los que solo les funcionaba un auricular. Sin embargo aquella mañana vino por segunda vez, y decidió dejar de ser un melancólico crónico para no convertirse en un pobre infeliz.


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Tengo muchos párrafos sin terminar y demasiadas ideas sin desarrollar.
Y creo que lo voy a dejar así. 

Pablo.



Contradicciones y contraindicaciones.
Al final te acabas dando cuenta de que es imposible dejar de ser uno mismo.

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