jueves, 14 de julio de 2011

Flashlights.

Anochecer a hombros de la luna.

El suelo era de cristal, las paredes de hielo y el techo una cúpula perfectamente esculpida dentro de un iceberg. No hacía un frío insoportable, pero sí era desagradable. Él intentaba retener todo el calor posible en su pecho juntando los brazos al tórax y cruzando los brazos alrededor las caderas. Estaría de pie mientras pudiera, pues tenía que encontrar la manera de salir de allí. Aparentemente todo encajaba al detalle, no había por ninguna parte un saliente, una muesca, o alguna rotura. La luz penetraba desde lo alto a través de una delgada capa nieve compactada y se reflejaba en la blanca inmensidad. Se intuía un azul que presumiblemente tendría un origen marino, y comenzó a arañar las paredes con sus uñas y las manos desnudas. Vestía pantalones largos, camiseta, zapatillas desabrochadas y camisa de manga larga. Todos sus esfuerzos parecían ser inútiles. ¿Cómo habría llegado hasta allí? Cansado de intentos y sin frutos cayó rendido, y sucumbió al deseo eterno del descanso. Poco a poco todo se fue apagando y vino la luna en su carroza de plata. Atravesó todas las paredes, revolucionando por completo la naturaleza del lugar, y se quedó a dormir allí, con él, en su regazo.


Verte amanecer en estancias áureas.

Cuando despertó todo era platino. Era el alba dorado, y la habitación estaba adornada con gemas talladas milimétricamente dispuestas en racimos. Como en un caleidoscopio. Había mesas de mármol veteado, sillas de granito pulido y frutas de lapislázuli en bandejas de oro blanco. Amatistas y otros cuarzos conformaban un mobiliario casi barroco, pero sin recargar el ambiente. Al fondo se distinguía un espejo de aluminio bruñido tras una delgada plancha de vidrio. Desentonaba con la magnificencia de su entorno, pero poseía una cualidad que le hacía único en su género. Atrapaba los reflejos huérfanos de un alma empobrecida entre tanta riqueza. Dentro del mismo artefacto no veía su imagen desaliñada y recién levantada. Al otro lado del espejo habitaba un ángel encerrado en cuerpo de mujer. Ni se estaba maquillando ni lo hubiera necesitado. Se estaba probando un vestido largo azul del cielo con tachuelas plateadas, y no dejaba de sonreír. Instintivamente, él, llevó sus manos a la superficie plana donde se sucedían estas imágenes de belleza, y quiso entrar. Ella se desvaneció entre un alegre devaneo de su cabellera incendiada. Su sonrisa fue lo último que él vió. Se asomó dentro, pero en su fondo sólo había oscuridad.  Él deseó su vuelta, y lo intentó traspasar de nuevo con todas sus fuerzas, pero una vez más su capacidad de conquista quedó en evidencia. Puede que se precipitase en su tarea, pero sabía lo que quería. Finalmente, dejo que el peso de la realidad le guiase y se resignó entre susurros de esperanza vana y palabras de adoración. Y durmió.


Ser confinado al abrasador castigo diurno.

Le despertó un sol de castigo acompañado de una sed pastosa, como si hubiese estado 14 horas seguidas durmiendo tras un día entero de fiesta. Lo que antes fuera de piedra se había transformado ahora en arena abrasadora. No existía techo alguno, la cúpula desaparecida dejó paso al cielo abierto y las formas estaban  dominadas por la cerámica, la arcilla y el barro aún húmedo. De algún vahído recuerdo nació la idea de moldear el cuerpo idílico de la mujer del Otro Lado. Arrancó un pedazo de la pared y moldeó la mayor obra de arte que conocía. Curvas y trazos sinusoides, simetría gaussiana. Pero faltaba algo. ¿Cómo le infundiría un espíritu? ¿De donde surgiría el color? ¿Sería capaz de sentir? ¿Cómo reaccionaría ante su Creador?




Abrió La Puerta en su mente y dejó que fluyeran sus más sentidos pensamientos. Todo era posible, ahora.


La Puerta de la percepción. (Epílogo)

Traspasar el umbral de esta Puerta supone asumir el riesgo de no querer volver jamás. En el lugar donde nacen los sueños no existe el deseo insatisfecho, porque todo lo que quieras lo puedes tener. Es incontrolable a la vez que intrínseca a la personalidad, pero precisa en cuanto a las aspiraciones y miedos. Funciona con el latido nocturno, pero le basta con la oscuridad de los párpados para funcionar. El mecanismo de entrada es sencillo, un picaporte con forma de disco que activa un mecanismo de apertura simple al girarlo. Se desplaza sobre unas bisagras en ángulo recto y se cierra automáticamente gracias a un sistema de cuerdas y poleas que hay en el interior del Otro Lado. La madera que la conforma es de baobab con un grabado en cenefa por toda la superficie. El dintel es cambiante, y se adapta a las dimensiones de cada persona. Dado que unas veces ha de soportar el paso de grandes Temores y otras ha de ayudar a conseguir un Objetivo marcado.






Vamos hacía donde nuestros pasos nos guían. Eso es lo que intentamos hacer hasta el final. Y no siempre acabamos donde queremos. Pero lo que importa no es la meta en sí. Lo verdaderamente importante es el camino. Cómo cada paso que damos nos hace crecer en esos únicos y de cada uno"particular ways" de los que Aschroft hablaba en su "This time."

Hoy y ayer y mañana haz que tus actos merezcan pertenecer a una "Oda a la vida".

VIVE.


(Como puede que no vuelva a escribir en un tiempo dejo todo por escrito hoy. 
Pero hubiera preferido una entrada más corta y menos recargada.
Y resuelta en varias partes, no sólo en una.
Seguro que vuelvo pronto.
Hasta ahora.)

2 comentarios :

  1. Te esperamos. Es un increíble punto y aparte :)

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  2. me encanta aput, es increible en serio, me encanta todo lo que hay detras de esas palabras

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