viernes, 4 de marzo de 2011

Era Heisenberg.

Mientras guardaba los lapiceros en una ármonica azul hecha de contrachapado se fijó en el aleteo ingrávido de aquél punto blanco del infinito. Fuera había nevado, pero dentro sólo había lluvia.
Se había cansado también de pelear contra el seis y el cinco, y decidió ser prudente con la comisura de los labios que se mordía nerviosamente. Sabía que retenía algo importante en aquella hebilla de cinturón vieja, pero desconocía realmente el significado aparente de aquel cierre tan ajustado.

Detrás de las pupilas se movían incesantemente astros refringentes con los bordes policromados. Iridiscencia  y luces de neón púrpura. Las flores del cerezo se enraizaron alrededor de su pecho, provocándole una sensación de angustia momentánea, pero su aroma le tranquilizó. Siguió en la ruta planificada. Puesto que no conocía otra manera de hacer las cosas lo mejor posible.

No tenía los ojos amarillos como el alcaraván. Sabía exactamente cuántas letras tenía su nombre. Y no trabajaría de taxidermista.

Se sintió como diseñado por encargo, sin que nada suyo le perteneciese realmente. Quiso despojarse de su  humanidad y no pudo.Quiso atrapar sus pensamientos en el fondo de una pinta de Urquell y estos salieron volando en un suspiro inintencionado y traidor.

Intentó fijar la mirada en un único punto, pero todo se estaba fundiendo a su alrededor. Se fundía en/con la realidad envolvente. Sintió el calor de las amantes de la morfina en su estado más puro y quedó bloqueada así la ruta de endorfinas exógenas. No serviría de mucho resistirse dado que conocía las consecuencias de cada mañana sin su gloria, y cedió la ventaja al impulso primitivo.

Hoy habían sido demasiadas enzimas de restricción, demasiados nemátodos y platelmintos explicados sin una base consistente. Necesitaba descansar.

Había sido todo ordenado demasiado caóticamente. Como lleno de parches y sin consistencia alguna. Pero conformando un fractal perfecto. La estructura más caótica y ordenada posible.




No ha aprendido a regresar del futuro. Porque no encuentra el condensador de flujo oculto bajo la alfombra gris del techo. 

Se han vuelto a proyectar las imágenes en su delicada córnea  y no recuerda algo tan puro y bello.

Por las noches se suceden los ciclos en los semáforos, en el reloj y en su pelo impeinables. Desde la raíz hasta las puntas, enredándose en espirales artificialmente manipuladas. Y siempre se le irrita el cuero.

The Hawk Is Howling, and Hardcore Never Dies, but You Will.

-S.L.H.

(Piedras preciosas dividiéndose por gemación)

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